Nosotros

Mi nombre es Raquel Molina. En algunos lugares, un nombre poco deseado, en otros, una auténtica revelación. En otros, ni fú ni fá. Me encanta dibujar y contar historias. Me apasionan los misterios sin resolver. Nunca me aburro y siempre estoy ideando cosas nuevas. Es lo que tiene formar parte de la clase media o baja, cuyas habilidades se multiplican por cien por fuerza.

Me encantaría dedicarme a viajar y conocer nuevas culturas, descubrir secretos ocultos y formar parte de la ayuda humanitaria allí donde me necesiten. Ese siempre ha sido mi deseo. Cuando era niña, me habría encantado ser astronauta, porque simbolizaba todo lo que me apasiona: descubrir nuevos mundos con sus misterios sin resolver. Pero cuando me vino la miopía a los 9 años, me desanimaron. No se puede ser miope y a la vez, descubridor espacial. Tampoco podía ser azafata. Mi siguiente opción era ser misionera. Había leído algún libro y visto películas y noticias en la tele. Siempre defendí al más débil y quería visitar aquellas zonas más desfavorecidas para ofrecer mi ayuda. Para ello, tenía que ser médico por lo menos. Pero una frustrada experiencia de EGB me llevó a hacer FP y estudiar administrativo, donde sólo aprendí a escribir a máquina a velocidades supersónicas sin mirar al teclado. Poco después, mirando las revistas del Nuevo Vale, me aficioné al maquillaje y eso fue lo que quise estudiar. La idea era finalizar los estudios para acceder a hacer Fisioterapia que era lo que me permitía desde FP.

Pero al igual que el maquillaje, en mis juegos de infancia con mis hermanas y primos, realizábamos múltiples dibujos con recortables y una revista anual veraniega que repartíamos entre los padres. En la revista, nuestras viñetas de comic estaban más que incluidas. Además, los dibujos que hacía mi padre nos inspiraron para poder igualarlos, aunque era imposible. Eran perfectos. Nos pasábamos las horas de ocio leyendo TBO y las historias de Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe, Anacleto agente secreto y, cómo no, Esther y su mundo. Creo que leíamos más tebeos que libros.

Cuando estaba cursando mis estudios de belleza, me apunté a una academia para aprender a hacer cerámica y ya entonces, mis esculturas eran como mis ceporros amigos. Realicé un jarrón que una parte era un cuerpo de mujer y la posterior un cuerpo de hombre, ambos vestidos de gala y por supuesto, con las curvas pronunciadas como mis TRAZOS. Después me apunté a un taller de comic en el centros sociocultural Caleidoscopio en Móstoles. Aprendí mucho sobre las técnicas de dibujo artístico, desconocidas para mí hasta entonces. Allí fue donde nacieron mis primeros TRAZOS.

Hoy en día soy profesional de Atención al Cliente, marketing y ventas, en paro y con múltiples proyectos en mi cabeza. Mi profesión del sector belleza quedó estancada durante 20 años y desde hace 2 estoy reciclando mis conocimientos. He vuelto a maquillar y ahora quiero volver a hacer tratamientos de belleza. Por puro placer. Algún día conseguiré ser Médico o Fisioterapeuta. Ahora me apetece mucho más volver a mi deseo infantil de ayuda humanitaria y sobre todo, la investigación en medicina. Erradicar los males del mundo y poder mantener vivos a los seres queridos y ya de paso, al resto.

Mientras tanto, continúo dibujando mis TRAZOS y divulgando sus historias adornando la vida de las personas de forma divertida

Pon un TRAZO en tu vida. Realiza un Obsequio Inesperado.

Historia del proyecto

Olvidados. Esa es la palabra que  mejor define a los dibujos que hoy son protagonistas de nuestra historia. 

Inicialmente, fueron un experimento que salió mientras la autora aprendía a dibujar comics. Con la creación del comic Pedro Pañales, comienza esta aventura. Año 1984. ¿cómo hacer un cómic original y divertido, con historias de principio a fin? La falta de inspiración propia, hizo que trasladara la canción de Rubén Blades a una aventura infantil, totalmente alejada de la realidad inmunda del navajero protagonista. El comic sólo llego a la mitad. 2 páginas. La otra mitad, sigue aún en la carpeta, cuyo boceto, curiosamente, aún no se ha borrado.

De aquí al ABANDONO. Nunca más se supo de esta historia.

Pero un día, surgió la idea de regalar algo original a un amigo de la pandilla. En el instituto, éramos varias amigas para realizar el regalo. Como 2 de ellas tocaban la guitarra y nos pasábamos las horas del recreo cantando e ideando canciones, pensamos componer una canción para nuestro amigo y como complemento, un comic con la historia de su vida (aproximadamente...)

Se me ocurrió que la mejor forma de componer una historia era redactarla en pareado, como la canción de Rubén Blades, y para que fuera más simpática, en pareados simples y con frases cómicas como la legendaria versión "A treinta leguas de Pinto y a cuatro de Marmolejo..."

Y así fue como empezó la andadura de esta historia. Los dibujos siempre fueron rechonchos y por ese motivo, los llamé Ceporros. Al ser la palabra tan larga se quedó en CEPOS. Pero es una palabra que se confunde con otro tipo de elementos persuasivos que nada tienen que ver con mis creaciones.

A lo largo de estos años, he estado haciendo personajes para obsequiar a mis amigos o familiares y perfeccionando algunos detalles. Ahora dibujo con una tableta en el ordenador y el rotulador lo tengo de exposición, adornando un mueble cercano.

Por fin, los rechonchos amiguitos van a ser liberados y mostrados al mundo. Hace años que poseen los derechos de propiedad industrial, aunque mi intención no es otra que mostrarlos a todo el quiera decorar su vida con los TRAZOS. Al ser un producto estandarizado gracias a las nuevas tecnologías, hace que su precio sea muy pequeño. El mayor coste es el de gastos de envío, pero la idea es que puedan distribuirse a través de internet de manera fácil y accesible para que sean impresos en el formato que se desee: camisetas, láminas de poliestireno, lienzos, objetos, etc. ya que, hoy en día, existen innumerables empresas dedicadas a la impresión gráfica en ventas al por menor y nuestros clientes tienen la oportunidad de elegir la que deseen

 

Nuestros usuarios

Cualquier persona puede solicitar un TRAZO para regalar a otra persona o para regalárselo a sí mismo. No hay un target especial: abuelitos, niños, medianeros... todas las edades son válidas. Tampoco hay distinción entre raza o sexo. Ni tan siquiera entre persona física o jurídica: una empresa puede solicitar sus trazos poniendo como protagonistas a sus empleados, sus clientes, sus proveedores, sus jefes...

Nuestros usuarios se caracterizan por su imaginación, originalidad y sentido del humor. Pero sobre todo, porque tienen una razón: un obsequio inesperado. Los trazos pueden estar decorando paredes, techos, jardines, muebles, enseres y por supuesto, fondos de pantalla. Su temática: la persona en concreto. Protagonista: tú puedes ser el protagonista de esta historia.

Bienvenidos todos.